Autonomía, responsabilidad y felicidad

Autonomía, responsabilidad y felicidad

¿Son más felices si son más autónomos?

La autonomía es la capacidad que tiene un sujeto para establecer reglas de conducta para sí mismos y en sus relaciones con los demás, dentro de los límites que marca su entorno social y familiar.

Cuando los hijos [1] tienen claras qué normas y límites deben marcar y qué patrones de comportamiento deben activar, adquirirá mayor capacidad de autonomía. Serán más responsables y tendrán mayor grado de madurez para enfrentarse a la vida. Y, serán más felices.

Desarrollo integral y crecimiento personal

La familia es una institución vital para la sociedad y para el ser humano y es el principal agente de socialización del niño y de la niña. La educación comienza en la familia, de ahí el papel esencial que desempeña el padre y la madre en el aprendizaje e interiorización de todas aquellas normas que favorecen el crecimiento personal de los hijos.

Para que esto ocurra, es por tanto tarea de los padres,

  • favorecer, ayudar y acompañar a sus hijos  a adquirir las habilidades necesarias para la toma de decisiones
  • fomentar en ellos la autoestima y aceptación de sí mismos
  • estimular el desarrollo intelectual
  • promover los hábitos de vida saludables
  • impulsar la tolerancia en las interacciones sociales con sus iguales y con los adultos
  • impulsar el desarrollo responsable de tareas acordes con su edad
  • y por tanto, estimular la capacidad de valerse por sí mismos

La capacidad de ser autónomo estimula el sentimiento de independencia, libertad, autoestima y felicidad.

¿Favorece la autonomía su responsabilidad?

La responsabilidad es la capacidad de un sujeto para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. Para fomentar esta habilidad en los hijos, los padres les guiarán, orientarán y apoyarán para que alcancen la independencia y madurez.

Y, ¿cómo desarrollar esta misión?. Algunas ideas clave son:

  • favorecer en los hijos una imagen positiva de sí mismos
  • establecer con ellos límites y normas claras
  • marcar tareas a realizar ajustadas a sus capacidades
  • motivarles a explorar diversas alternativas
  • colaborar con ellos en la toma de decisiones
  • prepararles para la posibilidad del fracaso o aparición de obstáculos
  • valorar sus esfuerzos
  • recompensarles o sancionarles con medida y equilibrio
  • ser flexibles y razonables
  • ser imparciales, objetivos, y comprensivos
  • mostrar empatía
  • demostrarles mucho amor y cariño 

Para fomentar la autonomía y la responsabilidad en nuestros hijos tendremos que comunicarnos abiertamente con ellos, intercambiar opiniones, llegar a pactos y exigir (con una flexibilidad razonable) su cumplimiento.

Conseguirlo requiere tiempo, esfuerzo y paciencia y los resultados serán muy positivos para la propia evolución de nuestros hijos y para la relación entre ellos y nosotros, pero fundamentalmente será muy importante para la imagen de sí mismo, seguridad y sentimiento de felicidad.

[1] Con el fin de agilizar la lectura del presente post, siempre que ha sido posible se han empleado nombres epicenos, perífrasis o sustantivos genéricos y colectivos, huyendo en la medida de lo posible del desdoble del singular. De igual manera, se ha mantenido el masculino universal de los sustantivos y adjetivos plurales.

 

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