La adolescencia, esa gran oportunidad 

La adolescencia, esa gran oportunidad 

Ser madre o padre es un reto permanente. Quizás, uno de los más importantes al que tengamos que enfrentarnos a lo largo de nuestra vida: la familia es el primer marco de referencia de un niño [1].

El día que nace un hijo, los padres inician una nueva fase vital cuya tarea principal será favorecer el desarrollo integral de sus hijos. Esto es, acompañarles y prepararles para que sean la mejor versión de sí mismos.

La familia supone el primer modelo de referencia de un niño. Su personalidad, conducta, actitudes y valores estarán íntimamente relacionados con la educación que les demos en casa. La familia es el contexto donde aprendemos a desplegar el repertorio emocional con el que nacemos, de ahí la importancia del clima emocional del hogar. Los hijos aprenden a asociar ciertas emociones con determinados estímulos por imitación y estas emociones servirán como cimiento para toda la vida.

Ser padres hoy puede ser una carrera de obstáculos.
En ocasiones, tenemos la sensación de que no vamos a ser capaces de llegar,
pero si nos lo proponemos…
¡lo conseguiremos!

¡No sé cómo educarle, ni cómo hacerlo!, ¿qué hago para que sea intelectualmente activo?, ¿cómo conseguir su estabilidad emocional y social si no me habla?, ¡no hay manera de que aprenda loa mínimos valores familiares!, ¡últimamente siempre estamos discutiendo!, ¡no me hace caso!, ¿le castigo?, ¿tengo que darle más libertad?, son dudas e inquietudes que me transmiten los padres de adolescentes en las primeras entrevistas.

Algunos padres de adolescentes hablan de la relación con sus hijos en términos negativos, transmitiendo en ocasiones, sentimientos dramáticos. Javier Urra dice que “cuando dices que tienes un hijo adolescente, la gente te da el pésame”. Es verdad que la adolescencia puede ser una etapa complicada, es verdad que a veces podemos sentir cansancio, pero si trabajamos en una determinada dirección, no tiene porqué ser ni dramática, ni tan difícil. No olvidar, eso sí, que es una etapa de transformación en la que el niño deja de ser niño y que, quizás, serán necesarios ciertos ajustes familiares para los que deberemos estar preparados y predispuestos.

 La adolescencia no tiene porqué ser tan dramática ni tan difícil

Os invito a apreciar esta etapa como una oportunidad. Como un periodo en el que irán aflorando todos aquellos comportamientos interiorizados a lo largo de la infancia, donde empezaremos a recoger los frutos de toda la entrega y dedicación a nuestros hijos desde el mismo momento de su nacimiento. La adolescencia no aparece de pronto, llega después de un proceso de convivencia en el que hemos ido marcando pautas, estableciendo normas y limites y manteniendo dinámicas de comunicación familiar concretas.

En la adolescencia afloran los comportamientos interiorizados en la infancia

Durante la niñez, el comportamiento del niño está marcado por los padres. En la adolescencia, tras el consabido periodo de aprendizaje que comienza en la infancia, el control empieza a ser más intrínseco. En este periodo, la mayoría de los niños empezará Secundaria Obligatoria, con nuevos hábitos y rutinas –horarios, amigos, técnicas de estudio– y con la necesidad de demostrar mayores dosis de autonomía, responsabilidad y seguridad en la toma de decisiones.

¿Y qué podemos hacer madres y padres para que esta etapa sea lo más gratificante y enriquecedora posible?

Encontrar EQUILIBRIO entre:

  • Control y autoridad
  • Amor y ternura
  • Templanza y paciencia
  • Proporcionalidad
  • Diálogo y presencia cuando nos necesiten.

En las proporciones exactas de este coctel iremos encontrando el camino del éxito juntos a nuestros hijos.

[1] Para facilitar la lectura, con el término genérico “niños” se hace referencia a “niños/niñas”, con “hijos” a “hijos/hijas” y con “padres” a “padres/madres”.

 

Doctora, Pedagoga, Profesora ESO y Madre. Te ayudo, te acompaño en tu tarea diaria como madre o como padre.

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