El mal hábito de entretener y tranquilizar a los hijos con tecnología

El mal hábito de entretener y tranquilizar a los hijos con tecnología

“Cuando mi hijo da la lata, le doy el móvil para que se entretenga”

El sábado estuve con unos amigos dando un paseo por el centro. Hacía mucho frío, porque en Sevilla también hace frío en invierno, pero el día era luminoso, el sol era radiante y se estaba muy a gusto en la calle. Quedamos en una terraza que me encanta, tienen unas tapas estupendas y el entorno es precioso. La plaza estaba a rebosar y tuvimos que esperar mientras se quedaba una mesa libre, además, mis amigos se retrasaron.

Mientras hacía tiempo, me dediqué a observar y me di cuenta de que muchas mesas estaban ocupadas por familias con niños. Lógico, un lugar amplio y soleado donde los pequeños se pueden mover con cierta libertad y los padres están más relajados.

De pronto, me fijé en la mesa que tenía justo delante de mi: padre, madre y tres niños cuyas edades oscilarían entre los cuatro y los diez años. Me llamó la atención el hecho de que ¡los tres niños tenían en sus manos un aparato electrónico!. El más pequeño manejaba con gran habilidad una especie de ipad infantil de plástico duro con muchos colores. Los dos más mayores tenían sendos móviles (de una marca carísima), lo que me hizo suponer que eran de los padres.

Los tres niños tenían en sus manos un aparato electrónico

Un poco más allá, estaba sentada otra familia con niñas gemelas –de unos once o doce años– y cada una jugaba con su propio teléfono móvil. Supuse que eran propios porque tenían típicas fundas de adolescente: una de estrellitas y otra con una jirafa. Los padres hablaban entre sí y las dos niñas jugaban absortas con sus objetos tecnológicos sin cruzar una sola palabra con ningún miembro de su familia.

Cada gemela jugaba con su propio teléfono móvil

Detrás estaban sentadas dos familias juntas, a un lado los adultos, al otro, su descendencia, en total, cuatro niños: un bebé, una niña de unos dos años sentada en sillita al lado de su mamá y dos hermanos de unos cinco y siete años sentados al lado de su papá –digo hermanos porque iban vestidos de una forma muy similar–. De nuevo me volví a sorprender: cada niño jugaba con una buena tableta y la niña pequeña con un teléfono de amplias dimensiones cedido por uno de los padres.

Cada niño jugaba con una buena tableta y la niña pequeña con un teléfono de amplias dimensiones 

Volví a observar las tres mesas por si los niños estaban haciendo otro tipo de actividad, pero el escenario era el mismo: cada cual continuaba con su aparato electrónico. Decidí moverme de sitio para comprobar que ocurría en la otra parte de la terraza, pero en ese momento llegaron mis amigos, nos saludamos y se me olvidó el interesantísimo trabajo de campo que acababa de iniciar.

No fue hasta que llegué a casa, cuando recordé mi investigación inconclusa. Lo primero que pensé fue ¿qué hacíamos mi marido y yo cuando nuestros hijos eran pequeños y quedábamos con amigos para dar un paseo?, ¿cómo se entretenían los niños?. Entonces no teníamos móvil, ni ipad, por tanto no se los podíamos prestar. ¿Y si lo hubiésemos tenido?, ¿se lo habríamos ofrecido para que nos dejasen tranquilos?. No me atrevo a asegurar nada.

¿Qué hacíamos mi marido y yo cuando nuestros hijos eran pequeños y quedábamos con amigos para dar un paseo?

Pero pienso que, si conseguimos que no se encendiera la TV durante las comidas y cenas, ni que los niños estuvieran delante de la tele más de una hora al día, estoy segura de que no hubiéramos permitido que se entretuvieran a base de ‘maquinitas’. Tampoco accedimos a comprarles consolas ni otros aparatos de juegos electrónicos por mucho que aparecían cada año en la carta de los Reyes Magos. En la misma línea, nunca les pusimos televisión ni ordenador en su dormitorio.

Nunca les pusimos televisión ni ordenador en su dormitorio.

En 2016, Jenny Radesky, profesora de la Universidad de Boston publicó los resultados de una ambiciosa investigación en la que se demostraba que utilizar objetos tecnológicos (TV, videos, móviles, consolas, etc.…) para entretener y calmar a los hijos tiene efectos muy perjudiciales sobre el desarrollo del lenguaje, personalidad y comportamiento general de los menores. Además insistió, “afectará de forma relevante a su evolución intelectual, social y gestión emocional”.

Desde el punto de vista de la doctora Radesky, el uso abusivo y sin control de esta tecnología impide que los niños busquen estrategias alternativas para entretenerse y autorregularse y por tanto lo tendrán más difícil a la hora de la resolución de problemas y la gestión de sus propias frustraciones.

El uso abusivo y sin control de aparatos tecnológicos impide que los niños busquen estrategias alternativas

Las conclusiones de esta investigación académica son claras. Recurrir a las nuevas tecnologías como una vía rápida y eficaz para calmar las rabietas, controlar el estado de ánimo y entretener a nuestros hijos:

  • Es perjudicial tanto a corto, como a largo plazo.
  • Favorece comportamientos sociales problemáticos.
  • Dificulta la aceptación de problemas y la gestión de las frustraciones.

Además, según la investigadora, los padres debemos alertarnos cuando un menor pase más de 30 minutos diarios con dispositivos digitales y cuando estos objetos se han convertido en su entretenimiento favorito, aquel del que no puede prescindir.

Debemos alertarnos cuando un menor pase más de 30 minutos diarios con dispositivos digitales

La tendencia a abusar de dispositivos digitales está cambiando las dinámicas de los comportamientos familiares. De igual manera, está dificultando la búsqueda de soluciones razonables por parte de los padres en cuanto al control del comportamiento de sus hijos.

Es importante que:

  • Enseñemos a nuestros hijos a aceptar normas y límites.
  • Interioricen que tienen que respetar a los padres cuando les piden un rato ‘de asueto’.
  • Sean comprensivos cuando los padres están haciendo otra actividad –como charlar con los amigos, ¡por qué no!– y ellos no son su único centro de atención.
  • No llamen la atención si un padre o una madre está un poco menos pendiente de ellos.
  • Sepan que los padres también tienen ‘vida propia’.

Nuestros hijos lo entenderán, pero hay que trabajarlo a diario, con perseverancia, paciencia y mucho amor.

Debemos iniciar esta tarea en casa, evitando todo lo posible ‘los espectáculos públicos’ y dedicarles todo el tiempo necesario. Es primordial que les vayamos ofreciendo herramientas que les permitan ir aprendiendo a ‘buscarse la vida’ con otras actividades. Les hará más responsables, más autónomos, más independientes y en definitiva elevará su autoestima.

Todo envuelto en diálogo y comunicación: razonaremos, ofreceremos ideas alternativas, escucharemos, negociaremos y llegaremos a acuerdos. Acuerdos, que TODOS –incluidos nosotros– cumpliremos (hora aproximada de irse, que haremos más tarde, etc..).

TODOS –incluidos nosotros– cumpliremos los acuerdos

Es verdad que en un principio puede ser incómodo, complicado, tedioso o quizás nos estropee alguna reunión, pero en el futuro tendrá importantes beneficios para toda la familia y sobre todo, para nuestros hijos, que aprenderán a autorregular su comportamiento y a gestionar sus emociones.

Doctora, Pedagoga, Profesora ESO y Madre. Te ayudo, te acompaño en tu tarea diaria como madre o como padre.

2 Comentarios

  1. Mariem Kaddouri López 6 meses hace

    Buenísimo!!!!! Cuanta razón mami 🤗

    • Autor
      Carmen López Suárez 6 meses hace

      Gracias, hija.

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