Sexo, ¿debo tratar estos temas con mi hija y con mi hijo?
Debemos responder a los hijos todas las preguntas que nos hagan sobre sexo, pero con un lenguaje y unos contenidos adecuados a su edad y desarrollo intelectual. También debemos responder todas sus preguntas.
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Sexo hijos

¿Debo hablar de sexo con mi hija y con mi hijo?

Debemos responder a los hijos las preguntas que nos hagan sobre sexo

Un día, mi hija mayor, con 5 años –hoy tiene 30– me preguntó:

– ‘Mamá, ¿por qué esa señora tiene la barriga tan grande?’.

– Yo respondí, ‘porque tiene un bebé dentro’.

Entonces me miró fijamente y me dijo,

– ‘¿Y, cómo ha entrado un bebé en su barriga?’.

Fue entonces cuando decidí que había llegado la hora. Ya había leído varios libros sobre el tema. Me gusta prepararme con antelación para hacerlo lo mejor posible.

A los dos o tres días, cuando vi el momento oportuno, me senté con ella a hablar. Le expliqué con contenidos adaptados a su edad, ‘cómo había entrado ahí el bebé’. Mi hija me escuchó atentamente y luego, me bombardeó a preguntas. Las respondí todas y cada una de la forma más transparente y clara posible.

No quería que se quedara con dudas sin resolver.

Tampoco quería que pensara que ciertos aspectos sobre sexo o sexualidad no debía compartirlos con su madre. Necesitaba transmitirle absoluta confianza.

Al finalizar, le pedí que siempre me preguntara lo que quisiera saber –fuera lo que fuera– y me comprometí a responderle en todo momento. Y así ha sido.

En cuanto a su formación e información sexual, desde pequeña hasta que se ha hecho una mujer, he estado a su lado para todo lo que ha necesitado.

Años más tarde, utilicé la misma estrategia con mi hijo.

Él, mucho más reservado, no me preguntó nada, solo escuchó. A medida que crecía, viendo que ese tema no lo tocaba, lo tocaba yo, intercalándolo en conversaciones, siempre que era posible y venía a cuento, con el fin de aportarle la formación más completa. De igual manera, he estado siempre al lado de mi hijo, pero él siempre ha guardado absoluta intimidad.

Múltiples investigaciones han demostrado, que los niños y las niñas tienen que aprender sobre sexualidad. Y tienen que saber claramente la forma en que vienen los bebés al mundo. Las conclusiones han demostrado que es la mejor forma de protegerlos. No solo en relación a los embarazos adolescentes, sino con respecto al contagio de enfermedades de transmisión sexual.

Otros estudios coinciden en que la educación sexual integral influye directamente en tasas más reducidas de:

  • Embarazos no deseados.
  • Muertes maternas.
  • Abortos inseguros.
  • Enfermedades de transmisión sexual.

Por tanto, el acceso a información sobre sexualidad permite que los niños:

  • No lo perciben como algo desconocido.
  • Tomen las mejores decisiones a futuro.
  • Retrasen la edad del primer encuentro sexual.
  • Sean conscientes de lo que ocurre en sus cuerpos y lo que puede llegar a pasar si no toman las precauciones necesarias

No obstante, la educación sexual debe ir más allá de conocer la anatomía humana, saber cómo no concebir o cómo no infectarse con enfermedades venéreas. Debe centrarse también en cómo enfrentarse el abuso y la intimidación sexual.

Los jóvenes deben aprender a defenderse ante situaciones que atenten contra sus derechos sexuales o reproductivos.

A la pregunta ¿debo hablar con mis hijos de sexo?

La respuesta es sí. Debemos hacerlo, pero con un lenguaje y unos contenidos adecuados a su edad y desarrollo intelectual. Sobre todo, lo que debemos hacer, es responder siempre a sus preguntas. Y responderlas sin poner esa cara de ‘vinagre’ que ponemos a veces los padres, cuando lo que acaban de decir nos produce desconcierto.

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